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miércoles, 16 de marzo de 2011

Visita al psicólogo: el proceso de evaluación (y 3)


Retomamos los artículos de psicología con la tercera y última parte del proceso de evaluación o, para ser más exactos, de esta parte de exposición sobre la actuación del psicólogo. Como explicaré más tarde el proceso de evaluación no acaba en ningún momento, teniendo que trabajar continuamente sobre los registros del paciente y su progreso en la terapia.

Para no alargarlo y enredarnos en las múltiples ramas que salen al escribir cerraré con este artículo para dar paso a pequeñas entradas con características particulares y datos específicos, demasiado largos para introducirlos aquí pero suficientemente interesantes e importantes como para hablar de ellos.

Pero centrémonos: actualmente Luisa se encuentra en su tercera sesión, después de realizar la primera entrevista, cumplir sus tareas para casa en forma de autorregistro y comentar al psicólogo los posibles percances sufridos, junto a comentarios adicionales que quiera añadir.

Cerrando el embudo

Normalmente la línea base, que como recordaremos es la especificación clara de la conducta del paciente previo a la consulta del psicólogo, suele poder establecerse con los autorregistros mandados entre sesiones. Luisa en su hojita nos habrá marcado los momentos diarios donde ha querido salir de casa, los que no ha conseguido culminar, sus pensamientos, sus alternativas de conducta ante esos bloqueos y cualquier otra cosa que le hayamos pedido registrar. Aunque estamos usando de ejemplo un caso de agorafobia estereotipado debemos mantener la premisa principal de la terapia psicológica: los tratamientos son individuales, lo que incluye el proceso de evaluación. La preciosa hoja de word que le dimos a Mario, un agorafóbico que tuvimos hace 4 meses, puede no ser más útil que el posavasos para nuestra taza de café de querer utilizarlo con Luisa, aunque ambos presenten agorafobia. Es otro error común entre algunos psicólogos, automatizar el trabajo dependiendo de los síntomas. Y ya sabemos lo peligroso que puede ser esto.

Dicho esto es ahora cuando el psicólogo debe decidir si quiere trabajar de verdad o ahorrarse líos y tiempo para entrar al tratamiento directamente. Trabajar de verdad se traduce en realizar el proceso de triangulación. Esto significa que nuestras hipótesis iniciales deben seguir trabajándose con más información aparte de la obtenida en las entrevistas y los autorregistros. Triangular es utilizar distintos instrumentos de evaluación para mantener una información fidenigna y evitar errores individuales de cada herramienta. Puede que en la entrevista se nos pasase tocar temas importantes; puede que el autorregistro de Luisa esté algo distorsionado, aunque en la agorafobia no haya nada habitualmente que ocultar pedirle a un voyeur que registre todos los momentos en los que se excita con zapatos de mujer quizás le produzca algo de vergüenza, alterando el registro para no parecer tan, en fin, tan voyeur. Incluso podemos encontrarnos con variables que no nos hemos esperado, desde que esa semana Luisa haya discutido más de lo normal con su familia a que en la entrevista íbamos pillados de tiempo. Todo esto alterará los datos de una manera u otra.

Para evitarlo, y partiendo de nuestros enunciados verificables comentados en la anterior entrada, elegiremos qué más vamos a utilizar con el cliente. Tenemos un abanico enorme para medir prácticamente todo, aunque al igual que en el supermercado no siempre dispondremos de las mejores marcas, teniendo que tirar algunas veces de las marcas blancas o directamente de lo que quede, y punto. Los famosos test, esos que parece que te dan nada más matricularte en psicología, son por supuesto una forma de evaluación pero para nada es la principal. De hecho muchos psicólogos no los utilizan por diversos motivos, algunos tan sólidos como tener una dudosa validez de cara a nuestra población (Un test hecho a partir de la clase media estadounidense hay que mirarlo, cuanto menos, con recelo para aplicarlo sin pudor aquí) o mucho más pragmáticos valer un dineral y no disponer de ellos. Incluso aquí nos encontramos problemas tan comunes como éste, y es que os sorprenderíais de las salvajadas que llegan a pedir por comprar los test originales. Si encima ya van con piececitas como algunos test infantiles apaga y vámonos, que nos van a embargar el piso por no poder pagar el dichoso manual.

Con todo vamos a asumir que disponemos de libertad para aplicar lo que se nos ocurra. Hagamos lo que hagamos el proceso de evaluación será largo, durando habitualmente entre 3 semanas y un mes. Hay gente que se sorprende de esto; ir al psicólogo y no empezar realmente con el tratamiento durante tanto tiempo no se encaja bien ya que a fin de cuentas lo que queremos es ''curarnos,'', ¿no? Afortunadamente el realizar una buena evaluación maximiza la calidad del tratamiento por lo que merece la pena pararse tanto en esta parte. No significa que necesariamente tenga que durar ese tiempo específico, hay muchos factores como el número de sesiones semanales, el tipo de caso, la motivación del paciente o cualquier factor extraterapéutico que modulan este proceso. Lo importante es que tanto paciente como terapeuta sepan con lo que van a trabajar y eso requiere un esfuerzo mutuo.

Con el proceso terminado: el informe psicológico

Esta parte es sin duda una de las más escabrosas para mí por las irregularidades que se realizan. Normalmente muchos psicólogos después de que charles con ellos un par de veces y, quizás, le rellenes algún panfleto con preguntas tipo test ya te dicen directamente lo que ''tienes'' con un par de frases, para entrar directamente a capear el temporal de tu problema. Esto es sin duda un error tremendo, que da pie a numerosos problemas en el futuro y una insatisfacción y poca profesionalidad cara al paciente que tira para atrás.

El proceso de evaluación requiere que realices un informe psicológico previo al tratamiento. Esto es así, guste o no, aunque se lo salten siempre. Antes de iniciar ningún tipo de terapia hay que informar adecuadamente al cliente de todo el proceso de evaluación: las herramientas utilizadas, los resultados obtenidos, los objetivos de la visita al psicólogo, conclusiones derivadas... todo. Con datos personales, fechas y nombres específicos de los instrumentos. Hacer hincapié en algún apartado ya depende del tipo de informe que vayamos a realizar (puede ser más técnico al querer entregarse a un juzgado, centrado en el problema, centrado en los resultados obtenidos...) pero siempre incluirá lo hecho de forma clara, entendible tanto para el cliente como para futuros psicólogos como replicable de hacer falta.

Puede ser oral o escrito, aunque se recomienda que se aúnen ambas opciones utilizando la modalidad oral para abordar los puntos principales del informe escrito, dejando en papel los datos más específicos junto a lo ya expuesto. No solo será útil para el cliente, para el psicólogo, para futuros terapeutas que quieran saber qué se hizo anteriormente (¿habéis conocido a gente que ha ido al psicólogo y os ha explicado lo que hizo? Es frustrante cómo apenas pueden decirte dos o tres frases que les dijeron y recuerde en ese momento) o para personas externas que requieran esa información, también da una sensación de profesionalidad, esa que sientes cuando estás ante un trabajo bien hecho.

Entregar este informe da paso automáticamente al siguiente punto de la visita al psicólogo: explicar el tratamiento que hemos decidido para su caso para que decida si quiere continuar. No es tan raro como pueda parecer el recibir un informe y que se reniegue del tratamiento, yéndose a otro sitio. Por otra parte dependeremos también de nuestras peticiones; el proceso de evaluación puede ser un fin en sí mismo, terminando nuestra relación con el psicólogo en este momento.

Empezando el tratamiento, continuando la evaluación

No voy a saciar la curiosidad sobre qué se podría hacer con Luisa, lo siento :P. Después de un mes hipotético de evaluación, y con su aceptación de lo expuesto en el informe y nuestra propuesta de intervención, empezará el tratamiento propiamente dicho. Ya lo que dure es relativo y da para otra entrada por los clichés continuos sobre ello.

¿Y lo de continuar la evaluación? No es frase baladí, el proceso de evaluación se mantiene durante todo el tratamiento y al acabar éste. Continuamente revisaremos el efecto de las técnicas que estemos aplicando, analizaremos los cambios en la vida del cliente, ajustaremos nuestro trabajo respecto a los resultados de la evaluación continua. Muchas veces daremos unos pasos atrás al avanzar en la terapia por descubrir una línea en la patología del paciente (así que Luisa no nos dijo que salir con su marido a cenar también le cuesta porque hace tiempo que planea divorciarse de él por su mala relación matrimonial...) la cual, desde luego, habrá que evaluar.

No solo eso, cuando acabemos el tratamiento seguiremos evaluando. En los niños es especialmente importante ya que los procesos evolutivos están en vigor y los cambios pueden ser determinantes para el desarrollo de su cuadro clínico, aunque esté ya tratado. En los adultos puede limitarse a una entrevista a los 3 meses de terminar el tratamiento, a los 6 meses y al año, dependerá de cómo veamos su avance. Hay psicólogos que se limitan a realizar una llamada telefónica breve. La gran mayoría directamente se olvida del caso, archivándolo, y eso si alguna vez hubo material en papel o informático para la carpeta ''casos pasados''.

En conclusión

Lo que he expuesto en esta serie de artículos no hay que tomarlo como el santo grial de la evaluación psicológica. Apenas son unas pinceladas del proceso general, el de libro, el recomendado en un mundo ideal de psicólogos profesionales con tiempo, recursos y pacientes modelo. Sí es una buena guía base de la que partir, y realmente alejarse de ella no debería ser tan fácil como muestran con su trabajo numerosos psicólogos diariamente.

Espero que no se hayan hecho muy largos, intentaré ir más al detalle para acortarlas un poco. ¡Nos vemos!

martes, 15 de febrero de 2011

Visita al psicólogo: el proceso de evaluación (2)


En la entrada anterior nos quedamos al finalizar la primera entrevista, en la cual ambos participantes, psicólogo y cliente, tenían trabajo que realizar a partir de lo ocurrido en dicha entrevista. El papel de la persona que acude al psicólogo es muy diferente al que habitualmente acude a un médico normal, donde el propio término paciente deja clara su actuación en el proceso: vamos al médico, realiza su trabajo y nosotros esperamos pacientemente hasta que nos recuperamos del todo.

El trabajo en psicología requiere necesariamente la participación activa de las personas que deciden ir a consulta, por muy desesperadas, hundidas o desmotivadas que se encuentren para hacer cualquier cosa que requiera mayor movimiento que fruncir un poco los labios. Sin el trabajo del paciente (término que utilizo para no repetir cliente demasiadas veces) no se puede llegar a nada, y esto es independiente del tipo de orientación que tenga el psicólogo, de la historia clínica del paciente y de la situación específica de consulta.

Esto no significa que el psicólogo no vaya a trabajar. Sí, tiene mucho que hacer, y una pequeña parte ya la realizó en la entrevista. Lo más normal es realizar una sesión por semana así que podemos preguntarnos, ¿qué hace el psicólogo durante esa semana? ¿Nos vigila a escondidas vestido con gafas de sol y gabardina? ¿Reflexiona profundamente en un Starbucks? ¿Cuenta los billetes que le hemos dado en la anterior sesión?

El psicólogo durante la semana

Cuando el cliente sale de la consulta lo habitual es recolocar inmediatamente la información que hemos obtenido de él. Lo que buscamos es esbozar una historia clínica del sujeto, única y particular de él, que sea lo más informativa posible sin contener información redundante ni inútil para la terapia.

En la entrevista hemos tomado sus datos personales, recogido el motivo de su consulta, hilvanado un poco lo que rodea al caso y esbozadas unas pocas hipótesis sobre lo que tenemos en frente, ya sea en papel con unas notas mínimas o mentalmente. Estas ''notas mentales'' son muy peligrosas si se usan indiscriminadamente, ya que existe un curioso sesgo llamado por la psicología social como tendencias confirmatorias, el cual postula que cuando tenemos una idea buscamos información que la confirme. En el caso de Luisa podemos pensar que es agorafóbica desde el principio, lo cual nos llevará sutilmente a realizar actos como preguntas confirmatorias (''¿Entonces tiene miedo de salir de casa?''), apuntar solo los datos que nos interesan y dirigir el resto del proceso de evaluación hacia esa dirección (pasarle test de ansiedad exclusivamente, pedirle que registre solo los momentos que le cuesta salir de casa...). ¿Podemos acertar? Sí, y de hecho habitualmente lo haremos, pero habrá casos donde ni el propio cliente sepa definir bien su situación, y si nos acostumbramos a tirar por lo fácil acabaremos dando un servicio muy poco profesional.

El caso es que tenemos un poco de información y algunas ideas. ¿Ahora qué? Lo habitual cuando hay material, tiempo y ganas de trabajar es crear una serie de enunciados verificables y elegir los instrumentos para medirlos. Esto se traduce en que ese ''miedo a salir de casa'' puede ser debido a una ansiedad generalizada que trae el paciente de base, a una relación pésima con su familia que hace que busque cualquier excusa para no salir, a una depresión atípica donde en vez de tristeza hay una pérdida de interes absoluta por todo... muchas, muchas causas posibles las cuales iremos comprobando. Esto puede hacernos el proceso eterno así que, a partir de la información obtenida en la entrevista y de nuestros conocimientos como psicólogos, elegiremos qué comprobaremos para ir completando nuestro esquema personal. Con Luisa por ejemplo podríamos comprobar su grado de ansiedad general, sus intereses personales en actividades de ocio y su red social para ver si el problema es que realmente no sale de casa porque su ambiente no le da motivos para ello. Cada caso nos dará una serie de enunciados y los comprobaremos con diversos instrumentos, ya sean test, observaciones, pruebas objetivas como los electroencefalogramas...

Pero recordemos que acabamos de hacer la primera entrevista, y necesitamos algo fundamental por parte del cliente: establecer una línea base que nos permita realizar un análisis funcional. La línea base del problema es especificar claramente qué ocurre: no es lo mismo ''no salgo apenas de casa'' que la semana siguiente nos traiga detalladamente los días que ha salido de casa, los que no, los pensamientos que le surgían y las situaciones que afrontaba. La información es vital y cuanto más específica sea mejor que mejor, y la conseguiremos a través de un autorregistro personalizado para el cliente, que deberá rellenar a lo largo de esa semana. Por su parte el análisis funcional es una herramienta fundamental donde básicamente estableceremos lo que mantiene la conducta de Luisa de no salir de casa a través de relaciones funcionales, donde determinados estímulos (ya sea del ambiente o de la propia persona) darán determinados comportamientos con sus correspondientes consecuencias. Esta parte es algo más complicada y la explicaré en una futura entrada pero ahora nos interesa quedarnos con lo básico: buscamos entender perfectamente el problema.

Así que en resumidas cuentas el psicólogo durante la semana limará la información que obtuvo, decidirá qué procesos de evaluación aplicará (los cuales no siempre son accesibles, por cierto) y esperará a que el paciente le traiga más información en la segunda sesión, la cual será mucho más específica y manejable, pudiendo continuar con el proceso.

El cliente durante la semana

Bien, nos encontramos sentados en la silla delante de la mesa enorme de caoba y el psicólogo nos despide afectuosamente. Tenemos ante nosotros una hoja donde nos explica cómo rellenar un autorregistro, el cual básicamente se dividirá en 7 días de la semana, con franjas horarias y una serie de elementos a medir relacionados con nuestro problema. En el caso de Luisa podría ser anotar los momentos en los que tiene ganas de salir pero no puede, la situación, si estaba acompañada y qué pensamientos le surgieron. Podría ser así o no, esto es muy particular dependiendo de lo que nos digan en la entrevista. Estos autorregistros prácticamente siempre son a base de papel y lápiz, donde buscaremos la comodidad del paciente para que no se vea afectada la calidad del registro.

Esta comodidad incluye el que pueda realizar el registro sin problemas externos y sin que afecte a su ritmo de vida. Luisa no trabajaba pero si por ejemplo cambiásemos esa variable poniendo que es cajera de supermercado debemos tenerlo en cuenta. Imaginemos que le da un ataque de ansiedad mientras está pasando la interminable compra de una anciana, ¿detiene el trabajo y saca su folio y lápiz para apuntarlo? Es inviable. Por otra parte, ¿pospone el hecho de apuntar lo ocurrido hasta acabar la jornada laboral? Si es un trabajo de 8 horas y le da en la primera hora probablemente distorsione la información al acabar, completando sus recuerdos con lo que ella cree que pasó. Esto lo hablaremos en el momento de diseñar el registro, para intentar solventar los problemas entre ambos.

Algunas veces el psicólogo nos mandará otras cosas. Puede que tengamos que leer algún libro, realizar una serie de ejercicios de respiración ya ensayados o controlar nuestra conducta perjudicial, como es el caso de ludópatas y exhibicionistas, por decir los 2 que me vienen primero a la mente. Aquí podemos plantearnos que el paciente nos engañe pero realmente esto no pasa, y por un motivo muy particular: estás pagando un dinero, y no es poco habitualmente. Aunque hay quejas del precio del psicólogo tiene una función vital, motivar al paciente para que cumpla las tareas. Porque si llega la siguiente semana y te presentas sin el material no es un ''no pasa nada, para la siguiente semana lo haces''. Se habla, se ve el motivo y se le vuelven a mandar habitualmente las mismas tareas, lo cual se resuelve en 5 minutos. Y se paga, sí, esos 5 minutos valen como la hora de la semana anterior. Tanto éticamente por respeto al trabajo del psicólogo como de mantener la seriedad de la terapia debe pagarse aunque no hayas cumplicado la tarea. Ya verás cómo la siguiente semana tienes todo a rajatabla. Y si te niegas, gracias por su tiempo, estoy seguro de que encontrará otro profesional que pueda ayudarle, adiós!

Por último un apunte interesante para los paranoicos y neuróticos aficionados al blog: por ley puedes pedirle fotocopia al psicólogo de todos los apuntes y papeles que utilice en terapia contigo. Esas notas con nuestros datos, hipótesis y garabatos de Doraemon pueden ser nuestras, y no se puede negar a dárnoslas. ¿Útil? Lo dudo, ya que personalmente escribo lo justo y necesario para mantener el contacto visual, encontrándonos con palabras sueltas que tampoco nos van a decir mucho. ¿Enfermizo? Sin duda alguna. Yo jamás he visto pedirlas y dudo que lo vaya a ver pero quién sabe...

Segunda sesión

Ha pasado la semana. El psicólogo tiene ya un esqueleto del caso, con varias ideas y técnicas de evaluación pensadas, a la espera de la información nueva por parte del paciente. Por su parte este nos ha traído el autorregistro, y nos comentará a viva voz las buenas nuevas y las posibles inquietudes surgidas.

¿Cómo se desarrollará? ¿Qué debemos tener en cuenta? ¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Próxima entrada...

martes, 8 de febrero de 2011

Visita al psicólogo: el proceso de evaluación (1)


Ir al psicólogo hoy en día sigue siendo un misterio para muchas personas. Aunque es una medida que se recomienda en muchas ocasiones por parte de familiares, amigos, profesores y cualquier persona que se haya despertado ese día con la vena de experto en problemas personales, y sea en igual número de ocasiones la respuesta comodín (ve al psicólogo, seguro que puede hacer algo) cuando no sabemos qué hacer, nadie está seguro del todo de lo que haces en consulta exactamente.

¿Hablar? Sí, hablamos, y mucho, aunque si solo hablásemos en el sentido coloquial desde luego más que psicólogos seríamos unos timadores de cuidado. ¿Pasarte muchos test con preguntas raras? Muy caros la mayoría desgraciadamente y con un consumo de tiempo y una falta de validez y fiabilidad estadística bastante dudosa.

Esta serie de entradas, sin un número determinado decidido, va a tratar de explicar en qué consiste, muy en líneas generales, el ir al psicólogo. Hay que mantener en la cabeza la idea principal de que cada caso es un mundo y dependiendo del trastorno o de la petición del cliente se actuará de una manera u otra.

Primeros pasos

Bien, nos encontramos en casa dándole vueltas a lo que nos pasa, eso que tanto nos cuesta hablar porque no sabemos cómo definirlo, nos da vergüenza o creemos que no tiene una solución real. Sabemos que existe una profesión llamada psicólogo y que la hija de la vecina del cuarto ha estudiado, nuestro primo segundo fue hace años y que en la tele suelen salir comentando todo tipo de cosas vestidos con traje de chaqueta. Miramos en internet y encontramos en nuestra ciudad un psicólogo particular que parece tener buena pinta (en otra entrada hablaré sobre los distintos tipos de psicólogos clínicos que existen). Ea, teléfono descolgado, llamando.

Nos contesta una voz de hombre y aquí empieza el proceso de evaluación. Ya con la primera llamada, el primer contacto con el cliente, comenzamos a tomar pequeñas notas mentales, pinceladas que son más útiles de lo que parecen a priori. Existe cierta discrepancia en la bibliografía especializada sobre este punto; algunos consideran que esta primera llamada es ya una fuente de información donde crear nuestras primeras hipótesis. Yo por mi parte me pongo más en la opción de ser una forma de conectar con el paciente (el cual de paciente tendrá poco en el futuro, va a trabajar mucho) sin querer entrar en excesivos detalles. ¿Por qué?

Lo primero por lo que comenté en una entrada pasada: el peligro del etiquetado. No sirve de nada que por teléfono te diga que sufre depresión. Estaremos ya predispuestos a seguir esa línea de pensamiento cuando venga, tratando de confirmarla en el peor de los casos. En psicología social se llama efecto halo: basar nuestras opiniones en una primera impresión. Lo segundo es que no debemos dar pie a que el paciente confirme sus propios miedos. De nuevo cito el mencionado artículo: si Luisa estaba tranquila y con cierto miedo te dice por teléfono que ha oído hablar sobre algo llamado agorafobia, decirle que probablemente sea eso sin hacer hincapié que primero se debe evaluar en condiciones puede llevar al desastre. Tercero y último (aunque hay muchos más detalles menores) porque no es nada riguroso, simplemente. Un psicólogo que lanza diagnósticos sin evaluar en condiciones no es un buen psicólogo.

Entonces, ¿para qué sirve la primera llamada en el proceso de evaluación? Para establecer el llamado rapport. Una palabruja de la que tampoco soy especialmente amigo de ella pero que engloba bastante bien lo que se debe conseguir. Podría definirse como hacer un vínculo con el paciente, restar tensión al hecho de ir al psicólogo, motivarle para seguir con el valiente paso que ha dado. En definitiva, crear un ambiente de buen rollo, dicho mal y pronto. Esto se consigue concretando el motivo de la visita en pocas palabras sin llegar a una palabra que dé pavor (en el caso de Luisa, podría ser algo parecido a: entiendo, se encuentra con una situación difícil de manejar a la cual no consigue darle una explicación clara. Bien, ¿le viene bien este día para vernos, Luisa?). Transmitir que nos interesa su problemática, que somos capaces de trabajar con ello y que se llegará a una solución a través del trabajo duro en base a unos conocimientos aportados por el profesional y una motivación del propio cliente.

En consulta: cara a cara

Lo primero que puede venirnos a la cabeza es la forma de saludar al psicólogo. ¿Si es una mujer le damos dos besos? ¿Si nosotros somos mujer y hombre debo darle dos besos, la mano? Puede parecer algo banal pero es más importante de lo que parece ya que la cercanía y la confianza en el psicólogo es fundamental, y una persona que nos da la mano fríamente sin levantarse del asiento detrás de su enorme mesa de nogal marrón oscura puede sugerirnos de todo menos buenos pensamientos. En general, y quitando casos muy particulares (niños muy pequeños, trastornos de personalidad específicos, psicosis claras...) lo mejor es ser realmente espontáneo y comportarse como en la calle. No es nuestro amigo pero tampoco es un profesional normal: vamos a contarle todas nuestras intimidades sin tapujos.

Superado este primer paso empieza el proceso de evaluación, el cual en la mayoría de ocasiones es una entrevista en forma de embudo. El psicólogo empezará con preguntas abiertas, incitando al paciente a que sea él mismo el que concrete con sus propias palabras. Un estilo no directivo, donde dejamos que se exprese abiertamente mostrando una escucha activa y matizando poco a poco. Le animaremos a que vaya detallando y organizando su relato para que nos dé pie a que hagamos preguntas más concretas, bajando por el embudo hasta acabar con una historia del cliente muy estructurada. Si empezamos con preguntas cerradas desde el principio corremos el peligro de perder muchísima información y si no concretamos a lo largo de la entrevista puede que el paciente se vaya por los cerros de Úbeda, algo más habitual de lo que podamos pensar.

Luisa es un buen ejemplo. Nos ha contado que apenas sale de casa. Bien, dejémosla hablar. Que ella misma nos cuente casos específicos, que detalle las escenas. Si nada más comenzar le preguntamos cosas como ''¿y desde cuándo ocurre esto?, ¿cuántas veces ha ocurrido hasta ahora? ¿Cómo se sentía?'', acabará tomando un papel de espectadora limitándose a contestarnos sin añadir nada especial, pudiendo quedarse cosas en el tintero. Si por el otro lado la dejamos a su aire toda la entrevista puede contarnos hasta que su marido cuando le conoció ya notaba que le quería mucho, algo que para el caso que nos ocupa no aporta nada. Porque sí, en las entrevistas iniciales hay mucha información inútil la cual no debemos alimentar, tanto por ética hacia el paciente como por una cuestión de puro pragmatismo económico. Esos psicólogos que te preguntan hasta tus amistades de la infancia cuando has ido porque te dan miedo las arañas no hacen más que hacer crecer su cartera sin producir cambios reales en el paciente.

Oh, ¿y los datos personales no se los damos? Aquí la recomendación es ir tomándolos poco a poco y sin romper el ritmo de la entrevista. Si comenzamos con ''Dígame su nombre. Ahora su dirección. Ahora su teléfono. Número de hijos. Trabajo. Pie que calza'' crearemos un bonito formulario burocrático de esos que son anti emocionales 100%. Lo normal es comenzar preguntándole su nombre (aunque lo recordemos, nos servirá para romper la tensión inicial con una pregunta que seguro sabe contestar) y entrar ya en materia, dejándole hablar al cliente. En determinados momentos haremos preguntas como ¿y qué edad me dijo que tenía?, apuntándolo y siguiendo con el curso de la entrevista. En este punto la manera de actuar es ya más libre y no suele ser planteada por ningún psicólogo, prefiriendo tomar todos los datos a pelo desde el principio. Hacerlo no quiere decir que vaya a condenar al fracaso ya la evaluación pero... es mejor hacer las cosas bien.

Esta entrevista acabará con unas pequeñas pinceladas sobre lo que le ocurre al paciente, las cuales en su mayoría seran reformulaciones de sus propias palabras. Insisto: no debemos marearnos ni marear con tecnicismos ni diagnósticos precipitados. Este es el momento de normalizar la situación del paciente, pedirle tareas para casa y concretar los aspectos formales del proceso: honorarios, días de consulta, vacaciones... Y, por supuesto, motivarle para continuar. Poner en negrita que lo que le ocurre se podrá superar con nuestra ayuda si se involucra en el proceso. Fijaremos la próxima consulta y ya está, paciente incluido en la base de datos.

Algunos aspectos específicos de esta primera entrevista

-Cuando son padres que traen a sus hijos a consulta: Al niño nunca hay que mentirle ni ocultarle cosas. Se adaptará el lenguaje todo lo que haga falta pero debe saber todo lo que ocurre y ocurrirá, aunque los padres insistan en ''protegerle'' comunicándole lo menos posible y pidiéndonos que no le digamos casi nada. Tanto por ética como por calidad del proceso debemos involucrar por completo al niño. El realizar entrevistas individuales con ellos ya depende de cada caso, donde nos encontraremos desde críos de 5 años que han madurado a la fuerza por la situación conflictiva en casa hasta a niños de 11 años que no pueden ni estar sentados en la silla. En un principio siempre hay que intentar hacerla pero el mundo real no es un libro de texto con situaciones ideales desgraciadamente...

-Cuando viene una pareja por problemas en la relación: Pueden venirnos por separado o juntos pero el proceso siempre será igual: entrevista en conjunto, entrevista por separado (junto a otros procesos de evaluación, claro) y una entrevista final juntos donde se pondrá todo sobre la mesa para alcanzar un consenso. Nunca afiliarse a uno de los miembros de la pareja, e insistir mucho en el trabajo mano a mano entre los cónyuges, aunque el problema lo presente solo uno.

-Cuando el motivo de la consulta no es algo clínico: Al psicólogo muchas veces se va por cuestiones ajenas a duras patologías y tragedias personales. Gente que quiere mejorar aspectos de su vida, consultas particulares de apenas un par de días, jóvenes que acaban de llegar a la mayoría de edad y no saben qué estudiar... Hay de todo y todos merecen un trato profesional. Nunca hay que incitar a alargar el proceso, si un chico de 18 años con buenas notas en bachillerato solo necesita un par de semanas de evaluación para decidirse se hacen, se le desea suerte y se cierra el caso.

-Cuando la entrevista es imposible de realizar: Casos urgentes de suicidio, pacientes que entran en grupos de terapia ya comenzados, niños incontrolables, procesos judiciales que requieren una respuesta YA... Casi todas estas situaciones se salen de lo ideal y el psicólogo tendrá que improvisar para alcanzar una solución lo más práctica posible asumiendo que las cosas podrían hacerse de mejor manera pero que las circunstancias nos superan en muchas ocasiones. El mundo real de nuevo, desgraciadamente. Como pacientes nos queda seguir con la motivación del cambio y saber que el psicólogo, como profesional, llegará a una solución práctica en la que participiremos completamente.

Últimos apuntes en este momento

Hay muchas cosas en el tintero, las cuales comentaré en la siguiente entrada. No hay que quedarse con la idea de que todo es entrevista la primera vez que hablamos con el psicólogo. Es una herramienta muy útil por su flexibilidad pero no lo principal, para nada es la piedra rosetta de la psicología. Un psicólogo que solo habla y habla no va a ayudarte realmente.

La evaluación, no me importa reconocerlo, es una de mis partes favoritas, o la que más incluso, de la psicología. Tiene muchos matices y procedimientos para alcanzar el entendimiento de la persona. Y, como he insistido en muchísimas ocasiones, tener las cosas claras sobre la persona que tienes en frente es fundamental en todos los sentidos. Huid de los que hacen las cosas rápido. Pero sobre esto y demás para la siguiente! =)

sábado, 29 de enero de 2011

Técnicas de influencia (2)

Segunda parte de las técnicas de influencia, esta vez tocando las que tienen nombre propio. Son muy populares y hay abundante información de ellas en multitud de libros (diría que en todos los de psicología social) y páginas web. No es para menos, aunque no sepamos su nombre la mayoría nos van a sonar, ya sea porque las hemos aplicado con mayor o menor grado de conciencia o las hemos observado en los que nos rodean.

Todas se basan en los principios expuestos en el anterior artículo. Ampliamente contrastadas, como siempre, hay que decir que no son una ciencia para nada exacta. Utilizarlas no nos va a asegurar conseguir lo que queramos, pudiendo tener resultados totalmente imprevisibles. No obstante están tan insertadas en nuestra forma de vida que pulir un poco nuestra conducta con los demás puede ayudarnos en determinadas ocasiones, lo cual ya sería un avance teniendo en cuenta lo difícil que es predecir el resultado en cualquier relación social.

Entrando en materia

Voy a dividirlo como el anterior artículo, por los principios específicos de influencia. No todos tienen técnicas llamativas, quedándose en algunos casos en pequeñas pinceladas que acompañan a la publicidad y comedura de cabeza que hacen y hacemos. Aún así sigue siendo interesante hablar de ellas por pequeñas que sean ya que se utilizan también muchísimo.

-Principio de reciprocidad: El más prolijo y el que más nos encontramos en ambos campos, tanto en el personal con nuestras relaciones personales como en el comercio puro y duro. Las 2 más importantes son ''técnicas de esto no es todo'' y ''portazo en la cara''.

La técnica de esto no es todo se basa en añadir un regalo al producto inicial. Ese juguete de las cajas enormes del Cola-cao, 2 botellas de coca-cola con un vaso granate de regalo o el sorprendente 30% del producto gratis, sin más complicaciones. Nos puede parecer muy obvio que esos productos no son para nada gratis contando el precio final pero...sigue funcionando. Nos resistimos a meditar con calma lo que nos ofrecen, volviéndonos locos por esa increíble oferta que no podemos dejar escapar. Si sois aficionados a los videojuegos la plataforma Steam es auténtica experta en esto, consiguiendo unos beneficios brutales. Siempre hay ofertas impresionantes en sus productos, ya sea por navidad, por ampliación nueva de un juego o porque les ha dado por ahí, simple y llanamente. Sumado a que los propios usuarios son los que usan el boca a boca (bueno, el post a post) insistiendo en lo barato que es y la buena compra que han realizado nos encontramos de continuo gente relatando sus compras semanales en dicha plataforma. Y además orgullosos por comprar tan bien, por su gran ojo comercial.

El portazo en la cara debo reconocer que es mi favorita porque la he aplicado de continuo en mi vida, y además me ha servido objetivamente después de conocerla bien. Consiste en el super conocido sistema de pedir algo muy caro, que te digan que no y ya pedir lo barato como ''bueno, ya que esto no me lo compras aunque sea cómprame esto otro...'', cediendo la otra persona ya que nosotros, en teoría, ya hemos cedido al no insistir con la petición inicial. Me acuerdo cuando los juegos platinum de psx que para que me los compraran pedía uno de los normales, sabiendo que me dirían a ese que no pero que podía coger uno de ''esos baratos''.

Hay que saber aplicarla de todas formas. La clave es que la primera petición no tiene que ser desmesurada, haciéndole creer al otro que mantiene él el control de la situación. Cuando compré el ancestral recall lo hice por 400 euros, siendo en aquellos tiempos un precio ajustado tirando a bueno. Con el paso de los meses decidí venderlo, justo antes de que bajara en picado el precio de la carta. Yo sabía esto, se notaba en el ambiente, se palpaba que pedir 400 euros por la carta era ya forzar algo el precio aunque no se dijese abiertamente. Quería recuperar el dinero y tampoco pensaba malvenderlo así que decidí optar por aplicar esta técnica. Miré los precios más caros, 450-460, y puse el mío a 440. Quería que me rebajaran, ¡por supuesto! Estaría dispuesto a ceder incluso hasta los 400 pero necesitaba que fuese una negociación, para que el otro pensase que la situación estaba bajo su control. Al final, 10 privados después de x foro de magic, lo vendí por 425, sacándole pasta y con un comprador bastante satisfecho. Si lo hubiese puesto a 450-460 ni se hubiesen interesado, y de ponerlo a 400 probablemente lo habría vendido a 380.

Y sí, es alucinante pagar 400 euros por un trozo de cartón pero el ejemplo me venía al pelo.

-Principio de escasez: Aquí nos encontramos técnicas mucho más generalistas. Los tiempos limitados de compra para un producto específico (Steam de nuevo y sus ofertas solo de fin de semana), las unidades limitadas, decir que hay escasez de un producto (¿os habéis fijado lo que sube el marisco en navidades como si fuese un producto de lujo cuando realmente lo encuentras en todos lados?) son ejemplos de ello, aunque también tenemos 2 técnicas específicas.

La técnica de jugar fuerte para conseguir algo consiste en sugerir que es muy difícil conseguir algo para incrementar su aceptación y deseo. Ahora mismo ocurre con el mercado de los e-readers en España, los libros electrónicos que venden como producto de ultimísima tecnología cuando llevan ya años implementados. Más sutilmente lo encontramos en las relaciones personales, sobre todo en las íntimas. Gente que comenta el no querer tener relaciones de pareja, que le costaría mucho encontrar a la persona adecuada... todo eso aumenta el interés de las personas ya que se convierte en un bien escaso el conseguir al susodicho. Incluso aquí nos encontramos personas que se aprovechan de ello intencionadamente. El famoso pagafantas que tan de moda está nace en muchas ocasiones de chicas así, que se muestran interesadas pero a la vez recelosas por tal milonga de turno que te cuente aunque no tenga ni pies ni cabeza. Y claro, ante una chica tan especial qué menos que pagarle una fanta/cubatazo de 8 euros y escucharla...

La técnica de la fecha límite poca explicación tiene fuera de la obvia. Los plazos limitados suelen ser bastante irreales a la hora de aprovecharse de una oferta. Una vuelta de tuerca relativamente nueva es cumplir dicho plazo, subir el precio...pero en el futuro volver a bajarlo. De nuevo Steam (siempre Steam, normal que se esté convirtiendo en un monopolio) lo hace mucho, rebajando y aumentando los precios de sus productos. Esto crea la sensación de que este es el momento de comprarlo porque a saber cuándo volverán a bajarlo.

-Principio de validación social: Aquí no encontramos técnicas específicas como las anteriores. Ya comenté en el anterior artículo el efecto de las risas enlatadas o el de los disturbios pero hay que añadir uno que desgraciadamente se da más de lo que parece: el de las sectas. Se basan completamente en este principio, llegando a límites enfermizos para demostrar que si lo hacen todos es porque es lo correcto. Tampoco hay que desdeñar para nada el efecto en publicidad. Esos niños que insisten en que su madre les daba a ellos 2 petit suise, que miles de españoles ya han donado sangre (¡y tú no! Qué vergüenza, paria social...) o que el mundial de fútbol lo estamos ganando todos con el apoyo que damos todos llevan implícito siempre el mensaje doble: primero que lo correcto es hacerlo y segundo que no hacerlo es lo erróneo. Hasta yo he tenido que hablar del mundial de fútbol este verano para poder sentirme integrado...

Por cierto, es aquí donde se sitúa la influencia de la autoridad, aunque haya un principio que se llame así. El poder del guardia de seguridad del carrefour, el profesor universitario o ese presidente de la comunidad de vecinos que se cree un terrateniente venido a menos basan toda su influencia en que los demás también acatan lo que dicen y piensan. A fin de cuentas estarán en ese puesto por algo, mucha gente habrá apoyado que estén ahí. Lo saben, y os aseguro que también saben que su ''poder'' es puro humo. Pero siguen ejerciendo su influencia porque los demás lo aceptarán, y los que les sigan también.

-Principio de simpatía: Tampoco encontramos aquí nombres propios pero sí una serie de pequeños apuntesmuy interesantes. Los anuncios ingeniosos, la música agradable, los envoltorios llamativos... todos esos crean simpatía en nosotros, nos hacen gracia y los recordamos mejor. Ahora con internet su influencia es todavía mayor ya que los más populares se traspasan a la red.

Un poco más sutiles son ideas como hacer las negociaciones después de las comidas copiosas (estamos animados por la buena comida), utilizar comerciales atractivos (el típico machaca dueño de gimnasio que primero nos muestra sus músculos y ya luego su gimnasio donde apuntarnos) o ese amigo nuestro tan majo que nos deja a un precio...dudoso la consola que ya no quiere. Los elogios y halagos también entran aquí y se ha comprobado que, incluso sabiendo que nos están adulando por interés, son efectivos en nosotros. Si ya encima asentimos como bobos y nos tragamos su pantomina nos venderán arena en una cajita con un lazo aunque vivamos en el maldito desierto.

-Principio de autoridad: Poco que añadir a lo dicho en el anterior artículo. El mundo está lleno de expertos que saben de todo en todo momento. Somos científicos ingenuos, como reza una famosa teoría de la personalidad, necesitamos encontrar explicaciones a todo aunque nos falte información. Sumándole que la incertidumbre ante una situación nueva es uno de los mayores lastres para todos nosotros no tenemos ningún problema en tomarnos esa pastillita tan buena que nos dice nuestra experta madre, que a la vecina le sentó muy bien y a nosotros no será menos. Si queremos aprovecharnos de él tenemos que mostrarnos semejantes a los demás, que vean que sabemos de lo que hablamos pero no obstentamos de ello, siendo personas mundanas. ¿Os habéis fijado en esos políticos que aparecen con ropa informal en las entrevistas de calle? El traje de corbata ya ha quedado relegado a los eventos oficiales, saben que para ejercer la autoridad de manera más óptima deben parecer expertos dentro del pueblo, no en una esfera aparte donde solo están los elegidos. Malditos ellos que les funciona.

-Principio de coherencia: Si antes no había técnicas específicas aquí nos encontramos con 3, y de las más desagradables además. Algo muy típico es cuando nos quieren poner una pegatina, un pin o cualquier perroflautada por la calle en nuestras solapas, esa gente que se te tira encima y nosotros esquivamos casi haciendo malabares, como si la aguja del pin llevase sida como mínimo. Es normal, si consiguen ponernos eso es como si apoyáramos su causa, y hacerlo ya se supone que lleva implícito una serie de creencias y actitudes que no compartimos. Al revés también nos encontramos esos fanáticos de pacotilla que van con camisetas del Che Guevara o con banderas de la república sin tener ningún conocimiento real del tema. Pero ¡eh, mira mi camiseta! Soy un digno defensor de lo que creo, fiel a mí mismo y a mis ideales. En los foros es más patético todavía cuando ves avatares y firmas pero bueno, internet es un mundo aparte.

La técnica del pie en la puerta consiste en hacer una petición inicial, que la otra persona la acepte y entonces pedirle algo mayor; normalmente aceptarán porque a fin de cuentas ellos ya han aceptado un compromiso y quieren ser coherentes. Muy típico en las relaciones de pareja cuando tu cónyuge putea a tus amigos (o a ti, qué coño) y tú lo justificas porque le quieres, y si le quieres es porque es alguien que merece la pena, y si merece la pena... ya os podéis imaginar, al final ese comportamiento malo inicial acaba con una explicación lógica. Aceptar máximas ilógicas de tu partido político también está a la orden del día. Los ''haz esto porque eres mi hijo, y los hijos se comportan así con sus padres'' son también habituales, a fin de cuentas se supone que cumplimos de todas el rol de hijo. En el ámbito comercial podemos verlo en la venta de automóviles (ya que te lo compras ponle la pintura metalizada hombre) o en los contratos teléfonicos, donde te dan un móvil casi pagándote a ti, te hacen un contrato para que llames al Congo gratis las 37 horas del día y tienes un pack que incluye teléfono, internet, televisión, ama de llaves y mascota los días pares, para que no te aburras de ella. Y todo eso aceptándolo, claro, que para eso somos ya sus clientes.

Un penique es suficiente es otra de esas técnicas directas y francas. Muy utilizada para recolectar fondos, donde te insisten en frases tan demagógicas como solo es un euro al día o es tomarte una copa menos los fines de semana. Basura todas, cada vez que las oigo me rechina el cerebro como si se hubiese caído dentro la vajilla de porcelana por no tener cuidado al seleccionar lo que escuchas y con quien tratas. Si no lo hacemos somos vistos como tacaños, y nosotros no somos tacaños obviamente, somos gente de bien y vamos a ser coherentes con esa percepción personal nuestra.

La técnica de la bola baja es la última que nos encontramos, y es la que más detesto porque suele dejar muy mal sabor de boca con el tiempo. Utilizadísima en los comerciales que te venden enciclopedias en casa llamando a tu puerta. Afortunadamente están en vía de extinción pero siempre hacen lo mismo: le ofrecen a la señora de turno un pack increíble de regalos a un precio mínimo sin compromiso y cuando dice que sí le dan la vuelta a la tortilla, ya sea diciendo que de dicho regalo no queda, que en la foto entre la tele de plasma, la play 3 y el portátil se ve en pequeñito una maquinilla eléctrica de los chinos (y adivina qué te vas a llevar) o que ya que se te ve tan interesada en el futuro de tus hijos hablemos mejor de este pack que incluye la versión en 300 millones de cd´s que perderás a razón de uno por día. Ya hemos dicho que sí, hemos mostrado nuestra conformidad a lo que nos han ofrecido (recordad que no nos venden libros o seguros del hogar, nos ofrecen educación de calidad y seguridad para nuestra familia) y ya echarse atrás sería negar que somos realmente así, gente preocupada por nuestra vida y la de nuestros allegados. Mucho cuidado con nuestros abuelos viviendo solos, o nuestras madres si son de quedarse en casa solas.

Últimos apuntes

Hasta aquí las técnicas de influencia. Habría mucho que añadir, como los tipos de poder interpersonal, la influencia de los medios de comunicación masiva, nuestros errores en el procesamiento de la información... pero ya se va de madre el artículo, y hoy es un día complicado.

Puede que no toque psicología social durante un tiempo pero sí me deslizaré para moverme a otros campos algo más desconocidos como las teorías cognitivas (cómo pensamos, básicamente) pero que tienen directa relación. Al final la populista frase de que la psicología es un conocimiento holístico en su mayoría tiene bastante parte de razón. Pero todo a su debido tiempo. Espero que os guste la entrada y que no se os haga muy pesada, ¡nos vemos!

miércoles, 19 de enero de 2011

El peligro del etiquetado en psicología clínica


Hoy voy a hablar de uno de los mayores problemas en mi opinión que existe en la psicología clínica, afectando también en la población normal. La asunción ''etiquetado'' hace referencia a clasificar a alguien con un trastorno psicológico: ese es depresivo, aquel es bipolar y fulanito aunque no le conozca mucho seguro que tiene algo chungo de la personalidad... Es normal y hasta aceptable en muchos casos pero que lo haga un psicólogo clínico puede ser peligroso.

¿Cómo puede ser esto si la propia psicología aporta manuales de diagnóstico? Por 2 características que envuelven el propio marco de aplicación de tratamiento mental: la psicologización de la sociedad y la pobre formación de los psicólogos clínicos. Unidos crean un cóctel explosivo que puede acabar en graves consecuencias para la persona que busca ayuda real en un profesional.

La psicologización de la sociedad

No es ningún secreto que el lenguaje mundano adopta con el tiempo expresiones de las áreas de conocimiento; ya nadie dice ''tómate una pastilla'', ahora te dicen que te tomes un ibuprofeno, disulfiram o esa cosa que acababa en -zam que me recetó el médico hace años y me vino tan bien. Todos nos volvemos ''expertos'' con el tiempo, lo cual no excluye a la psicología.

Cuando nos encontramos con una persona reservada, callada, que no habla demasiado ahora la gente dice introvertido. Me apostaría una mano a que todos conocéis esta palabra y daríais una definición sin problema de pedírosla. Realmente es un constructo de personalidad de dudosa validez, con demasiadas interpretaciones y sin una delimitación real de lo que abarca. Pues la tenemos día sí y día también. ¿Dónde ha quedado el clásico tímido? Se ha insertado en la sociedad y ya es de uso común. En la misma línea podemos encontrar a la gente supuestamente bipolar (que están casi orgullosos de serlo cuando es uno de los trastornos más incapacitantes...), la ingente cantidad de depresivos y anoréxicas gratuitos que pululan por el mundo (hasta mi madre al comer menos me decía ''a ver si te vas a volver anoréxico'') o el poder del inconsciente, fuerza superior que nos domina a todos y que de vez en cuando aparece y nos explica todo sobre nosotros.

Siguiendo esta línea de desconocimiento generalizado nos encontramos algo mucho más serio. El que se rompe una pierna cuando ya la tiene bien no llama más la atención, recordándolo como anécdota en el mayor de los casos; el que ha pasado por el psicólogo, aunque fuese hace 20 años y lleve una vida completamente normal, ya está marcado; ese siempre ha sido...rarito. Se ve como algo incurable, que oscila pero sin desaparecer del todo. Nada más lejos de la realidad pero es algo muy difícil de eliminar y sinceramente dudo que alguna vez vaya a desaparecer del todo. No me importa reconocer que incluso yo me muestro receloso con determinadas personas por esos temas pero no deja de ser una barrera para la gente que realmente necesita ayuda y no la busca por miedo a la estigmatización.

La pobre formación de los psicólogos clínicos

Es una lástima que tenga que incluir este apartado con un nombre tan fatalista pero creo que es el más adecuado, le he dado vueltas y cualquier otra cosa sería un eufemismo. Sin entrar a fondo en el asunto, los psicólogos clínicos suelen tener unos conocimientos muy pobres. Lo que he contado en otras ocasiones sobre DSM-IV, CIE-10, distintos trastornos, sutilezas en los diagnósticos...es ignorado en muchas ocasiones, ya sea por decisión propia (sin comentarios) o por pura vaguería.

¿Habéis conocido alguna vez un psicólogo que para justificar sus palabras te dice ''es así, no tienes que entenderlo, tú hazme caso''? Yo los he conocido a patadas, he trabajado con algunos y es un auténtico infierno. Siguiendo la temática del artículo ya me he llevado alguna reprimenda por insistir en que basar todo el tratamiento y la evaluación en una palabra tan vacía como depresión, ansiedad, esquizofrenia o cualquier otra clasificación es un error enorme.

Los trastornos mentales no existen. No hay ningún virus de la depresión, no existe un mosquito que te pega la anorexia o un coche que al atropellarte te vuelve un fóbico a las arañas. Son palabras que se usan exclusivamente por comodidad para englobar una serie de características, las cuales son en proporciones. La misma depresión no tiene por qué cursar con tristeza, por ejemplo. El mismísimo DSM-IV te repite en varias ocasiones que la evaluación y el tratamiento deben ser completamente individualizados a cada caso y que el manual por sí mismo es una guía, una herramienta más, no una biblia. La clasificación en los hospitales, archivos y para comunicarse entre psicólogos clínicos es útil por su sencillez, pero hay que darle la importancia justa.

Pues esto no es compartido por la mayoría de psicólogos clínicos. No conocen estos matices y no tienen problema alguno en decir ''tú, depresivo, ven''. Utilizan el enorme poder que les da su estadus de psicólogo para hacer valer sus ideas y opiniones basadas en una durísima ignorancia. Por supuesto hay buenos profesionales pero es un factor a tener en cuenta y que se da en nuestra sociedad.

Un caso de la vida real

Luisa tiene 43 años, está casada y tiene una hija de 16 años. Es ama de casa y aunque trabajó en el pasado decidió dedicarse a su hija a tiempo completo al nacer ella [...]. Acude a consulta por un problema que ella no sabe si realmente lo es. Desde hace unos 5 años le cuesta salir de casa, no es exactamente miedo, es una incomodidad, un sentimiento de inseguridad ante estar fuera de su hogar. Al principio se manifestaba como reticencias mínimas pero con el tiempo se fue agravando. Dejó de salir con sus amigas, las cuales a día de hoy apenas la llaman por sus continuas negativas y excusas. Ella las comprende, sabe lo incómodo que es que te inviten a salir y pongas una excusa tonta, pero empieza a tener miedo ya que con su marido también empieza a pasarle. No se atreve a ir de compras sin él y ya apenas hacen actividades de ocio, como ir al cine o salir. El último mes ha tenido discusiones bastante fuertes con su cónyuge por este motivo, y la situación comienza a volverse insostenible.

Decide acudir a consulta por la insistencia de su hija, la cual le habla de que esos miedos se los quitará el psicólogo sin problema y que al menos consultar con un profesional podría ayudarla. Animada y viendo que está empeorando más que nunca su problema acude al psicólogo. Su marido no puede acompañarla a consulta por el trabajo pero consigue llevarla al menos al lugar, quedando que su hija irá a recogerla más tarde.
Ya en la consulta le empieza a contar todo lo ocurrido hasta ahora, sin esconder ningún detalle, sintiéndose mucho más relajada. El psicólogo, taciturno, le dice que ella tiene un trastorno llamado agorafobia, consistente básicamente en tener miedo a salir de casa. ''Agorafobia, eso tengo'', piensa Luisa. Parece como si la sala hubiese bajado unos cuantos grados de temperatura, que la mesa de caoba que la separa del psicólogo se ha hecho de repente enorme y que ya por fin todo tiene una explicación: está enferma, con la llamada agorafobia y todo lo que ello implica. Ahora tendrá que volver a casa, con una pesadumbre absoluta y darle la dura noticia a su familia. El psicólogo le ha dado ánimos pero la realidad se le echa encima, tiene una enfermedad y no sabe si realmente saldrá de ella. [...]

¿Qué podemos ver aquí? Una mujer con agorafobia, de libro, de esos estereotipos que tanto usan en el cine. El psicólogo ha acertado y ha hecho su trabajo en la primera sesión, al menos parte según vemos en el relato, que es darle consistencia a lo que nos cuenta el paciente/cliente.

Yo no veo eso, solo una incompetencia absoluta por parte del supuesto profesional. Diciéndole que tiene agorafobia no hemos logrado nada positivo, consiguiendo a su vez un montón de problemas adicionales. Luisa venía a consulta por un problema que no sabía explicar pero que tenía conciencia de su existencia, estando dispuesta a trabajar sobre él. Ahora la hemos devuelto a casa totalmente derrumbada, con un diagnóstico prematuro que pesa sobre ella como una losa de puro titanio.

Un diagnóstico para una persona normal es un argumento circular que lo explica todo sin ayudar en nada. Todo su comportamiento ahora se explica porque es agorafóbica, y como es agorafóbica hace todo ese comportamiento inevitablemente. Ir paso a paso ahora será mucho más difícil, continuamente nos recordará que si no llama a sus amigas es por su agorafobia y que la agorafobia hará que no tenga la fuerza de salir este fin de semana con su marido. No solo eso, corremos encima el enorme peligro de que hable del asunto con sus familiares o busque información por su cuenta. Aquí descubrirá que además los agorafóbicos temen las afluencias de gente, los ascensores, que en ellos hay un cambio comportamental y que cursa con otros trastornos de ansiedad. Y hará memoria y recordará cuando estaba en el super un sábado por la mañana y sintió algo de ansiedad (ahora enorme a sus ojos), que es cierto que en los ascensores no podemos recibir ayuda de nadie y que su comportamiento desde luego normal no es.

No olvidemos el impacto que tendrá en su familia. Su hija le dio ánimos y se encontrará a su madre por los suelos, y su marido, ilusionado en recuperar a su esposa de antaño, la verá peor que nunca. Esto conllevará a que el tratamiento se alargará, con el correspondiente gasto ecónomico y desgaste emocional, junto al cambio completo en sus vidas. A lo mejor hasta empieza a medicarse con algo para la ansiedad.

Felicidades psicólogo, te has ganado el premio al empleado del mes.

Qué hacemos entonces con el diagnóstico y los psicólogos y personas que lo usan

Individualizar cada caso, esa es la clave. O, siendo menos correctos políticamente, ser mejores profesionales y trabajar más. Una evaluación adecuada requiere más de una sesión, donde tendremos en cuenta todo lo dicho anteriormente y muchas más cosas. Utilizaremos el lenguaje de forma adecuada sin precipitarnos, sin utilizar tecnicismos innecesarios, valorando cada frase que digamos para no complicar el caso. No es tan complicado como parece, en psicología clínica es un tema recurrente. Pero eso es estudiar, trabajar seriamente, y es mucho más sencillo utilizar la etiqueta y dejarnos de tanta historia.

A su vez debemos, como amigos y familiares, minimizar el uso de los diagnósticos prematuros. Siempre que me preguntan mi opinión empiezo con la frase (o acabo, pero la digo) ''cada caso es particular y sin evaluación seria no se puede afirmar nada''. Ya he comentado en el apartado de la psicologización de la sociedad lo fácil que se utiliza el lenguaje psicólogico, y como vemos en el ejemplo de Luisa las interpretaciones que se pueden llegar a hacer.

Últimos apuntes

Me ha quedado tremendamente larga la entrada, lo siento. Sé que tengo en la recámara escribir la segunda parte del anterior: será mi próxima entrada, y será en breves. Espero que os haya gustado, aunque sé que es más reflexión personal que datos específicos. Ya me comentaréis!

domingo, 16 de enero de 2011

Técnicas de influencia (1)


Sin que sirva de precedente voy a alejarme del ámbito clínico para meterme en el farragoso camino de la psicología social, lleno de baches sin sentido y bifurcaciones que no llevan a nada por mucho que insistan. Porque así funciona la psicología social, darle vueltas y vueltas a hechos realmente obvios y que no dan para escribir tochazos de 500 páginas. Los hay, se venden como biblias entre sus seguidores poniendo a los autores como enviados de Dios.

¿Entonces por qué voy a escribir sobre ello? Porque entre toda la basura hay alguna pequeña cosa salvable, siendo una de ellas la que nos ocupa en este artículo: las técnicas de influencia de Cialdini. Son muy conocidas y cuando las vayáis viendo os sonarán ya que están completamente insertadas en nuestra sociedad y en nuestro día a día, de una forma más o menos sutil. Como siempre no significa que utilizarlas sea sinónimo de éxito pero sí que hay que reconocer que suelen cumplirse bastante bien, sobre todo cuando se aprovechan del desconocimiento de la gente. Veámoslas:

Los principios psicológicos de influencia

6 son los que postuló Cialdini, teniendo varias cosas en común. Su eficacia se basa en la sencillez de uso para nosotros, que somos unos vagos hasta para pensar. Preferimos utilizar reglas sencillas, incluso inconscientemente, para actuar y dar respuesta a nuestros dilemas antes que realizar un sesudo debate con nosotros mismos. Es necesario ya que si utilizáramos para toda nuestra vida un sistema de decisiones completamente racional directamente acabaríamos agotados a media mañana. Imaginaros el infierno de estar en el supermercado y empezar a pensar en calorías, gastos mensuales, gastos futuros, peso de la compra, alimentos comidos con anterioridad, factores nutritivos... nada, trae para acá ese bollo y esa pizza Tarradellas y a casa a ver una peli. Ni nos paramos a pensarlo más de 1 minuto.

-Principio de reciprocidad: Debemos tratar a los demás como ellos nos tratan a nosotros. El que más ocurre a diario aunque no nos demos cuenta. Si le haces un favor a tu hermano probablemente en el futuro este esté más dispuesto a echarte una mano, tu compañero de clase al que le dejaste los apuntes no tendrá problema en dejarte un libro y ese vendedor tan majo que nos dio tantísima información sobre el producto que vende con una sonrisa se merece que leamos lo que nos dio, qué menos después de lo que se lo curró. En las relaciones personales también pasa, empezamos hablando del tiempo, nos cuentan sus opiniones sobre algún tema de actualidad dándoles nosotros la nuestra y acabamos tomando un café intercambiando nuestras intimidades sin problema alguno. Incluso cuando hemos conseguido convencer a alguien nos sentimos un poco ''mal'' si él nos intenta convencer de algo y nos negamos rotundamente.

-Principio de escasez: Este es muy obvio, hasta el punto de que se vuelve en contra del aprovechado xD. Valoramos lo que es más difícil de conseguir. Esos ''¡Unidades limitadas!'' aprovechan esto de forma directa, y cuando nos intentan colar una cagarruta como algo único se lo acaban comiendo a patadas. Pero de nuevo nos lo podemos encontrar de forma más sutil. Las películas censuradas y todo el atractivo que tienen a nuestros ojos se basa en la dificultad de acceder a ello supuestamente; los 8 días de oro del Corte Inglés o conseguir que ese primo tuyo tan esquivadizo vaya a tu fiesta de cumpleaños son estrategias puras para que lo desees más todavía.

-Principio de validación social: Tendemos a actuar a como lo hace la gente que nos rodea. El famoso dicho español ''Vicente va a donde va la gente'' se cumple muchísimo. Las risas enlatadas de las series de televisión se basan en este principio, a fin de cuentas si los demás se ríen...leñe, será gracioso, o algo. En otras ocasiones hay sucesos algo más trágicos, como los disturbios en las calles donde ves a unos cuantos romper escaparates y se te contagia la falta de civismo. Es complicado resistirse a él porque recibimos información de todo a todas horas, sin poder procesarla, y una de las mayores fuentes de información útil es el comportamiento de los demás, ya sea para hacer algo o no hacerlo.

-Principio de simpatía: Solemos hacer lo que nos dicen o nos sugieren personas que nos caen bien. No es ningún secreto y no es nada malo. El melenudo que huele mal de clase nos puede pedir los apuntes por activa y por pasiva que no vamos a dejárselos pero si nos lo pide nuestra amiga ni nos lo planteamos. Es complicado utilizar este principio con fines interesados porque suele olerse mucho. Los vendedores, políticos, profesores...que intentan hacerse los simpáticos acaban cayendo gordos. La espontaneidad suele ser la clave del éxito, y hay gente que lo sabe muy bien.

-Principio de autoridad: Otro de los que cantan mucho cuando se hace mal. Aceptamos las opiniones y peticiones de gente que tiene autoridad en la materia, ya sea por conocimientos, experiencia, tradición... En las discusiones de internet se utiliza mucho, ''lo he leído en muchos libros'', ''yo soy publicista, sé de lo que hablo'', ''mi profesor de la uni es el que me lo dijo...'', bobadas todo. Los de bata blanca anunciando dentrífico se meten aquí, mismamente. Lo mejor es no hacer alusión a nuestro estatus si nos toca a nosotros el rol de experto y que los hechos hablen por sí solo, ya que si surge este principio a partir de los pensamientos de la persona a la que queremos convencer será ya casi imposible que se le quite, aunque metamos la pata profundamente.

-Principio de coherencia: Tendemos a actuar de forma congruente a nuestra forma de pensar y actuar pública. Mucho más sutil ya que las opiniones que tenemos en determinados temas ni siquiera las hacemos de forma manifiesta para nosotros mismos. Los actos populistas que hacen los partidos políticos que algunas veces nos llevan las manos a la cabeza se basan en esto, la gente que les apoya los verán con buenos ojos aunque no estuviesen de antemano realmente a favor. Por otra parte si decimos que nos gustan mucho los videojuegos y nuestras opiniones chocan con lo que un supuesto fan de videojuegos neto diría (Metal Gear 4 es una mierda integral) a lo mejor nuestro discurso cambia un poco (Si realmente es un gran juego, no lo dudo, pero es que a mí...).

Opinión personal

Que se aprovechen de nosotros es hasta lógico viendo lo borregos que podemos ser pero ya engañarnos a nosotros mismos ''sin querer'' es una auténtica lástima. Me he dejado para la segunda parte las técnicas particulares basadas en estos principios, aunque ya he dado algunas pinceladas. No sé si realmente es interesante, y probablemente tarde en escribirla para volverme a clínica (he notado mucho el tener que tirar del libro para escribir estas 4 tontunas) en próximas entradas pero creo que pueden ser interesantes, al menos como curiosidad pura y dura. Ya me diréis...

jueves, 13 de enero de 2011

Procastinación, o el arte de dejar todo para última hora (2)


Continuamos hablando de nuestra gran afición de dejar todo para el último momento. En este punto ya sabemos con certeza que somos procastinadores; sí, antes también lo sabíamos, pero ahora tenemos una palabra que resume todas las frases y que nos puede servir de excusa cuando nuestra madre nos pille otra vez jugando a la dichosa maquinita (no mamá, no soy vago, soy procastinador). Queremos resolverlo, por nosotros, por nuestro futuro, porque ya nos da vergüenza ajena o porque estamos cansados de no hacer nada, por paradójico que suene. ¿Qué podemos hacer?

Primero de todo hacer un pequeño ejercicio de reflexión personal. Asumiendo que no estudiamos porque nos da pereza y no por cualquier otro motivo extraño (somos disléxicos, una voz nos dice que no estudiemos o me gusta más mi instituto nocturno para jóvenes vampiros y licántropos imaginario) nos queda comprobar si realmente tenemos la capacidad o no. Esto dependerá mucho de la tarea que nos manden pero no sirve de nada tener que hacer esos ejercicios de matemáticas de 1º de bachillerato que esquivamos incesantemente cuando no sabemos ni hacer una regla de tres. Perder el tiempo sentado en una silla clavando codos es tan malo como no hacer nada directamente.

Asumimos pues que tenemos la base ya establecida. ¿Somos realmente capaces? De nuevo la reflexión nos llama. Es cierto que hay gente que estudiando media hora mientras ve la tele y se prepada un sandwich saca un 10 pero no es lo habitual, y probablemente nosotros necesitemos a) más tiempo, b) concentrarnos en nuestra tarea. No hay que llevarse las manos a la cabeza ni etiquetarnos de tontos: hay gente con mayor capacidad que nosotros, no pasa nada, es normal. Si fulanito tal de nuestra clase es de los del primer ejemplo lo mejor que podemos hacer es ignorarle y concentrarnos en nosotros mismos. Lo que los demás hagan no nos afecta para nada. En este punto de paso aceptamos que no tenemos un leve deterioro cognitivo, es decir, no somos tontos del culo.

Con estas 2 premisas (base de conocimientos y capacidad intelectual normal) ya podemos plantearnos el trabajo específico para curarnos. Para poder explicarlo con comodidad voy a usar como ejemplo genérico el estudiar en el instituto, ya sea la E.S.O., bachillerato o un ciclo formativo. La universidad tiene intríngulis un poco especiales (paso de hacer esa práctica que sé que no se va a leer siquiera) y en el mundo laboral cada trabajo es un mundo. Así que adelante con el establecimiento de objetivos, la planificación de actividades y la organización del tiempo.

Establecimiento de objetivos

No podemos actuar seriamente si no tenemos claro lo que queremos. Podemos decir ''quiero aprobar el curso'', bien, es normal, pero esto es un objetivo a largo plazo, el objetivo final. Debemos diferenciar entre objetivos a largo plazo y objetivos intermediarios para alcanzar esos objetivos iniciales.

Nuestro aprobar el curso se descompone primeramente en aprobar los exámenes: si no aprobamos los exámenes no aprobaremos el curso. Para aprobar esos exámenes a su vez tendremos que estudiar, si no lo hacemos suspenderemos, y si suspendemos no aprobamos el curso. Y para poder estudiar necesito tiempo, si no tengo tiempo no podré estudiar, si no puedo estudiar...en fin, la cadena de consecuencias es obvia y fácil de seguir. Todos esos objetivos son intermedios, pequeñas metas que debemos cumplir sí o sí para alcanzar la meta final, la casilla ganadora, el summun del estudiante. Debemos empezar por el primer eslabón de la cadena, en nuestro caso estudiar. Es importante no excedernos en el número de elementos intermedios ni quedarnos cortos: estudiar el libro de texto de literatura está bien, estudiarte el índice del libro solamente va a ser insuficiente, leerte todos los libros del siglo de oro es una locura. La lógica aquí es la madre de la ciencia.

¿Cómo lo hacemos? Bien, hay 4 índices que se deben cumplir para que un objetivo sea válido: que sea claro, operativo, flexible y estimulante. Si nuestras metas cumplen estas premisas iremos por buen camino. No hace falta tenerlas escritas ni repetirlas como un mantra diariamente, de hecho en la mayoría de las ocasiones las utilizamos de forma inconsciente o sin elaborar específicamente. Pero también las ignoramos y nos las saltamos cuando procastinamos, volviendo al problema base: tengo que estudiar, a secas, sin más.

Un objetivo claro es el que está bien definido. ''Tengo que estudiar'' no es del todo claro. Sí, tienes que estudiar pero ¿el qué? ¿Por qué? ¿Te va a ser útil? En nuestro ejemplo un objetivo claro es ''tengo que estudiar para el examen de literatura de la próxima semana''. Eso es lo que haremos este tiempo, ese es nuestro objetivo y lo que tenemos que tener en mente.

El objetivo operativo es el que nos indica los pasos a realizar. Podemos hacer los ejercicios del libro de literatura para estar activos en la materia, estudiar el libro, coger esos apuntes tan buenos del empollón de clase o mirar en la wikipedia. Sabemos ya nuestro objetivo, ahora sepamos cómo alcanzarlo.

La flexibilidad es el más ignorado en muchas ocasiones. Un objetivo no incluye implícitamente arruinarnos la existencia. No sirve de nada que para el examen de la semana siguiente digamos ''voy a estudiar 15 horas, dejándome 2 para las comidas y 7 para dormir''. Es ridículo a la par que inviable. Tenemos que tener tiempo para nosotros, nuestros hobbys, nuestra vida. El objetivo flexible es el que nos da cobertura para actuar, lo cual a su vez será beneficioso para conseguir lo que queremos. Lo mismito estudiar después de llevar 6 horas seguidas que al haberle dado por la mañana, comer, una siestecita, algo de msn y ponerse de nuevo.

Por último tenemos la estimulación. Oh, sí, yo quiero aprobar porque quiero estudiar tal carrera; porque quiero tener un buen curro; porque quiero que mis padres me regalen el carnet de conducir. Da igual nuestra motivación, alguna tiene que haber. Incluso la de no sentirse un parásito social es buena. Automatizar nuestra mente con ''es lo que me toca hacer en esta etapa de la vida'' nos mete en la espiral de vagancia, mis procastinadores.

Todo es bastante obvio, ¿verdad? Sí y no. Si nos lo cuentan diremos ''claro, eso ya lo sabía'', pero si nos ponemos a mirar en nosotros mismos a ver si cumplimos esto...ay, ahí podemos caer. A las malas (¿o a las buenas?) si ya lo tenemos todo controlado también podemos hacer un pequeño ejercicio de repaso y ver si nuestros objetivos han cambiado. A lo mejor aprobar ya no es suficiente, quizás queramos tener notaza para esa carrera tan interesante de la que nos hablaron el otro día.

Planificación de actividades

Bien, ya sabemos lo que queremos, y lo sabemos realmente bien. ¿Y ahora? Sigo jugando a la play, leyendo foros y tocándome las narices hora sí y hora también mientras se pudren los libros.

Este es el momento en el que aprovechamos la flexibilidad de nuestros objetivos y la juntamos al resto de actividades. Ok, para el examen de literatura de la próxima semana voy a hacer los ejercicios del libro y estudiar el libro de texto. Eso aproximadamente me ocupará 1 hora y media al día. A su vez estoy jugando a ese nuevo juego de la play que tanto esperaba, no puedo perderme el capítulo de la 17º temporada de Lost y debo comprobar rutinariamente que las manchas en el techo mientras estoy tumbado en babia siguen en su sitio.

Aquí aclararemos qué actividades son obligatorias y cuáles no, cuáles son placenteras y sus contrarias, cuáles son inaplazables y cuáles podemos dejar para otro día. Estudiar es obligatorio, por supuestísimo, mientras el resto son...menos obligatorias, por decirlo de alguna manera. El placer de estudiar es una quimera que muy pocos han adoptado; si tú eres de ellos felicidades, si no asumamos ya que no es precisamente divertido y que el resto de actividades sí lo son, y más en comparación con la primera. Por último el examen lo tenemos la siguiente semana, habrá que apretar el culo, y no para subir de nivel precisamente en el videojuego.

Este apartado se solapa mucho con el siguiente, organización del tiempo, ya que inevitablemente el día tiene solo 24 horas, donde unas 7-8 (aunque aquí leyendo este blog haya alguien que duerma 5-6 y otro que puede estar 12 sin problema ¬¬) las pasaremos en la cama y nuestra capacidad en las restantes horas fluctúe peligrosamente.

Organización del tiempo

La más utilizada por padres y orientadores de pacotilla en los institutos. Es obvio que debemos planificarnos pero, ¿lo hacemos bien incluso cuando estudiamos? Nuestra planificación debe cumplir 3 condiciones: ser realista, proporcionada y bien distribuida.

Ser realista no es tan transparente como parece. Decir que estudiaremos esas 15 horas no tiene ningún sentido pero también debemos ver la otra cara: estudiar mucho también puede ser contraproducente. Si hacemos los ejercicios del libro dedicándole media hora al día iremos bien; si además los repetimos para automatizarlos pues...bien...nos servirá pero la curva de aprendizaje tiende a una asíntota infinita donde ya el beneficio será casi nulo llegados a cierto nivel. Estudiar una hora está bien pero si con media hora ya cumplimos nuestro objetivo (que, recordemos, a esta altura estará perfectamente definido para poder manejarlo con soltura ahora) no merece la pena sobrecargarse.

Una organización del tiempo proporcionada es la que cumple todas las actividades que realmente debamos y queramos cumplir. Debemos estudiar, eso por descontado pero si nos apetece mucho jugar al videojuego ¡adelante! Ya tendremos nuestras actividades definidas y colocadas por orden de importancia y sabremos hasta cuál podremos hacer. Aquí se incluyen también los pequeños inconvenientes diarios que nos surgen: tenemos que ir a buscar al colegio a nuestro hermano pequeño, es el cumpleaños de mi mejor amiga... Habrá que ajustar nuestro tiempo para que esté proporcionado, quizás no alcance al quinto nivel de la torre teniendo que quedarme en el cuarto...

Por último el concepto de bien distribuida. Ya tenemos nuestro plan al dedillo y aplicándolo. ¿Nos está yendo bien? ¿Notamos mucho cansancio? ¿Empezamos a estar realmente estresados? Algo falla si contestamos que sí a las 2 últimas preguntas. Cunde mucho más una hora buena de estudio que 5 apalancados mirando a las musarañas encima del libro. Aquí no puedo evitar comentar mi experiencia personal. Yo no soy de dormir bien y esto me repercute en el estudio. Los días duros (como hoy, fíjate xD) no cumplo las horas, teniendo que ajustar los horarios para alcanzar los criterios. Podría estar con los codos clavados pero sería engañarme a mí mismo. Distribuyamos bien el tiempo acorde a nuestro ciclo vital.

Últimos apuntes

Qué coñazo hacer todo lo expuesto, ¿no? Sí y no. En psicología clínica los problemas escolares en cuestión de rendimiento son el tipo de dificultades por las que más acuden los padres al psicólogo para que tratemos al infante. Pueden parecernos todas muy obvias e innecesarias pero hay gente que no las tiene automatizadas, no le salen solas, y quizás ese sea nuestro problema por muy ''normales'' que seamos a nuestros ojos.

Por otra parte no quita que lo fundamental es tener ese concepto algo abstracto llamado fuerza de voluntad. No voy a extenderme en este punto pero, al igual que la memoria o la capacidad numérica, podemos entrenar a nuestra fuerza de voluntad. El hábito hace al monje, por usar un dicho popular, y si nos cuesta estudiar 2 horas, después de 3 semanas haciéndolo, os aseguro que 3 horas entran fáciles. Sin miedos, sin ''yo no puedo, de verdad'' o ''no tengo la capacidad suficiente''. Todos podemos. Pero es que es más fácil se procastinador, claro. :P

Espero que os haya gustado, me ha quedado demasiado largo quizás. Y si lo ponéis en práctica, por mínimo que sea el apunte que os haya llamado la atención, eso que os lleváis y que me llevo.

¡Nos vemos!

lunes, 10 de enero de 2011

Procastinación, o el arte de dejar todo para última hora (1)


Hoy voy a hablaros sobre la procastinación, palabro que etimológicamente parece haber nacido de mezclar las palabras procrear y castración, o al menos esa es la impresión que me da a mí. Tan transparente como una pared de mármol, el término no nos aporta mucha información por sí solo, cuando se refiere a una de las actitudes más extendidas en toda la población: dejar las cosas para la semana siguiente, para mañana, para última hora o para el último minuto, dependiendo de nuestro grado de valentía y confianza personal. La manía incesante de convencernos a nosotros mismos de que todavía tenemos tiempo, de que realmente cuando nos pongamos lo acabaremos en un periquete o que ahora no tenemos motivación suficiente hasta que veamos cerca la fecha de entrega.

¿Esto puede volverse un problema? Para la psicología sí, para algo le ha puesto un nombre tan rimbombante. Aunque todos hemos vivido las situaciones antes descritas esta forma de actuar puede volverse un patrón de conducta establecido en muchas personas, viendo mermado su rendimiento de forma exagerada. No debemos olvidar que las personas no acuden a clínica mencionandote su problema de onicofagia, tricotilomanía o ataque de pánico recidivante limitado situacionalmente: ''me siento triste'', ''no estoy seguro de lo que me pasa...'', ''me va mal en el trabajo/instituto/universidad...'' Y detrás de estas afirmaciones tan vagas podemos encontrarnos desde una esquizofrenia en fase premórbida a una simple falta de organización personal que con unas pocas guías de ayuda se solucionaría. Pero en ambos casos hay que actuar, por pequeño o cotidiano que nos parezca.

La procastinación como problema conductual, cognitivo y fisiológico

Cuando afrontamos un problema psicológico directo, de los que tienes la sintomatología bien definida y el problema está claro tanto para el cliente como para el terapeuta, es fácil utilizar el sistema de división de elementos, del cual la procastinación no se libra.

Conductualmente tenemos las manifestaciones más claras. No realizamos los ejercicios de Lenguaje que nos mandaron para la semana siguiente, esas ecuaciones ya las haremos mañana por la mañana y el libro que debemos leer...bueno, vamos mucho al baño, ya iré leyéndolo ahí poco a poco. Sentarnos en una mesa, boli en mano y codos descubiertos se vuelve una tarea realmente complicada, aunque la tengamos a 1 metro escaso. Hay mucha gente que realiza actividades ''relacionadas'': limpia un poco la sala, coloca los libros de estudio, ordena los apuntes, los más avezados subrayan por encima... Todo conductas de evitación las cuales hay que identificar para hacérselas ver al sujeto.

Cognitivamente, refiriéndose a los procesos mentales por decirlo de alguna manera, nos encontramos manifestaciones más sutiles pero también reconocibles por todos. Trabajar bajo presión o reducir la dificultad de la tarea en nuestra cabeza son habituales entre los procastinadores, siendo estas y otras formas de distorsión cognitiva causa y consecuencia en una gran mayoría de ocasiones. Estos pensamientos pueden ser los que ocasionan que hoy no nos pongamos con esa aburrida redacción de inglés, o que nos digan ''venga, ¿estudiar ahora? Si vas bien, mejor deja la mesa bien preparada para mañana y ya empiezas a tope con todo listo'' Lo más complicado es que no suelen reconocerse como parte del problema al ser tan automáticos, lo que obliga a realizar hincapié en ellos para que salgan a la luz.

Fisiológicamente, las respuestas que da el cuerpo como sudor, agitación o temblores, no encontramos demasiados ejemplos, habitualmente por la tranquilidad de las distorsiones cognitivas y el placer que da una respuesta de evitación conductual. Con todo yo mismo he sufrido algunas veces pequeños síntomas de ansiedad cuando la fecha se acerca y ves que los minutos pasan y pasan y tú no eres capaz de estudiar. Notas cómo la temperatura de tu cuerpo baja, se te nubla un poco la vista y te quedas parado.

Con el procastinador en frente nuestra

Para empezar debemos establecer correctamente lo que hace esa persona en particular. Habrá gente que casi toda su evitación se base en las distorsiones cognitivas que se repiten día sí y día también; otros serán más fluctuantes y solo lo harán para determinadas tareas (quizás el problema sea esa tarea o la visión que tiene de ella) y los más raros puede que sientan ansiedad ante su mesa de estudio en el cuarto y necesiten un proceso de aproximación y afrontamiento. El triple sistema de respuesta debe ser bien especificado, y nada mejor que la sinceridad si nosotros mismos somos aficionados a este problema.

Llegamos a este punto y nos damos cuenta que cumplimos todo. Bien, mantengamos la calma y veamos realmente si eso es cierto.

Comprobar lo conductual suele hacerse de forma directa con un simple autorregistro de nuestras actividades diarias. Solo tenemos que realizar un poco de reflexión personal y ver el trabajo que habitualmente hacíamos/hacemos en comparación con el que deberíamos hacer como personas supuestamente normales. Si por ejemplo en el instituto nos mandan analizar 10 oraciones sintácticamente (la mayor mierda del instituto posible) y las hacemos a las 7 de la mañana del mismo día en vez de la tarde pasada pues estamos procastinando de forma clara. No hay que quedarse solo en los estudios, podemos comportarnos así con la limpieza, las comidas, incluso salir con nuestros amigos.

Es extremadamente importante especificar bien lo que hacemos y lo que no hacemos. Las vaguedades como ''debería estudiar más'' no son adecuadas para registrar bien nuestra conducta. Ese debo estudiar más puede traducirse esta semana en esas 10 oraciones, convirtiendo la frase en ''debería hacer esas 10 oraciones antes del viernes''. Nos permitirá un mayor control de nuestra conducta a la vez que reducirá las frases catastrofistas del estilo ''No estudio porque soy un vago'', ''No puedo hacer más'', o la famosa ''pufff demasiadas cosas que hacer''.

Nuestros pensamientos cognitivos requieren un poco más de nuestra parte ya que no solemos reconocerlos, ni como presentes ni como mucho menos erróneos. Es fácil, solo hay que empezar a dar argumentos de por qué nos comportamos así mientras alargamos poco a poco la cuerda de nuestro razonamiento. Empezar con las frases expuestas antes es habitual pero al final funciona como un embudo, pasamos de lo más general a lo más particular. Podemos empezar con lo de que la de lengua me tiene manía a terminar con algo mucho más productivo como que esas 10 oraciones esta semana se me solaparon con los 2 libros de navidades y las tareas específicas de las demás asignaturas, lo que me ha producido una sobrecarga excesiva que me lleva a pensar eso. Todo eso debe quedar bien reflejado entre nosotros para trabajar con ello después.

Por último las respuestas fisiológicas requerirán también un autorregistro personal, ya que la instrumentación de calidad para el caso que nos ocupa no nos es para nada necesaria. Solo tenemos que hacer memoria y pensar si nos ocurre algún ''desbarajuste'' en el cuerpo en este tipo de situaciones. ¿Nos entran sudores? ¿No podemos ni mirar la mesa porque nos da una bajada de tensión?

En este punto ya más o menos tendremos una idea de cómo es nuestra particular forma de procastinar. Ya he comentado un poco de la mía pero en este momento puedo profundizar más. Conductualmente no tengo nada serio, solo alargo en el mismo día los estudios pero los hago, y soy de realizar los trabajos con mucha antelación; por otra parte en mi situación actual solo estudio y casi siempre lo cumplo todo, y siempre siempre cumplo las 40 horas semanales haga más o menos en determinados días. Cognitivamente no lo sufro aunque en el pasado sí que me decía muchas veces ''esto nada más que me ponga sale solo, si es facilísimo realmente'', haciéndolo hoy de vez en cuando respecto a determinados temas de estudio. Fisiológicamente es donde me llevo la peor parte, donde he tenido que soltar los libros para no producir un efecto de escalada, esto es, pasar de síntomas pequeñitos a los más grandes por una tontería. Recuerdo con cariño y temor a la vez una ocasión donde me quedé blanco pensando que mi mano...no era mi mano. Algo muy raro. xD

Tratémonos entre nosotros

Asumiendo que no tenemos nada realmente patológico podemos seguir unas pautas para ayudarnos, siendo las que realmente se hacen en clínica pero sin la necesidad de un control exhaustivo externo. Teniendo en cuenta que conozco a prácticamente todas las personas que leen el blog ya os digo yo que sois completamente normales :P

¿Y qué podemos hacer? Pues eso lo veremos en la siguiente entrada, ya que no quiero que quede todo tan apelotonado. ¡Nos vemos!

domingo, 9 de enero de 2011

La homosexualidad y el transexualismo en la Psicología clínica


Esta entrada la llevaba pensando escribir mucho tiempo, desde hace 9 meses aproximadamente. En esas fechas me encontraba en el segundo cuatrimestre del que sería mi último año en la carrera, soportando una soporífera asignatura de Psicología social por parte de uno de los profesores más infames que he tenido en mi periplo universitario. Un auténtico inútil, de los que aprovechan su posición como profesor para soltar máximas basadas en la pura ignorancia y estúpidos prejuicios impensables en alguien que, se supone, está para transmitir conocimientos veraces.

Entre sus hazañas una de las que más me marcaron fue una especie de reflexión/adoctrinamiento totalmente gratuito en clase donde criticaba a la psicología clínica y su ''biblia'', refiriéndose al DSM-IV (ahora después hablo de esto), por haber incluido en el pasado la homosexualidad como trastorno y querer introducir actualmente para el DSM-V, nueva versión del manual, el transexualismo como trastorno. Continuó con una serie de críticas sin sentido (''los psicólogos clínicos no se paran a pensar que una viuda puede no ser depresiva, sino estar triste por la muerte''...claro, ningún psicólogo clínico puede pensar esto, solo se le ocurre a él) mientras los demás alumnos asentían con la boca semi-abierta como si su Dios estuviese iluminando su oscuro mundo de confusión y odio hacia la psicología clínica.

Mucha carne en el asador, ¿no? Homosexualidad como trastorno, intenciones de incluir el transexualismo, un manual para dominarlos a todos... Vayamos por partes.

DSM-IV y CIE-10: Manuales de diagnóstico psicológico

El DSM-IV es el manual más estandarizado para realizar los diagnósticos psicológicos. Diseñado y controlado por la APA, asociación de psicólogos americanos (un acrónimo que en inglés y español coincide, well), se encuentra actualmente en su versión IV revisada, a las puertas de entrar en vigor la V con pocos cambios más bien. El grueso realmente fue el paso de la versión segunda a la tercera, lo demás han sido pequeños cambios de continuo, con algunas honrosas excepciones, pero nada realmente grande.

Es el más importante, el más usado por los psicólogos clínicos de todo el planeta, teniendo una repercusión absoluta sobre la sociedad en general. Muchos psicólogos reniegan de él por el peligro de etiquetar a las personas, miedo compartido por los propios diseñadores del manual que ya advierten que debe ser de uso exclusivo para comunicarse entre clínicos y por comodidad, nunca como vía de tratamiento. Del peligro del etiquetado hablaré en otra entrada futura.

Por otra parte tenemos la CIE-10, el manual de diagnóstico médico diseñado por OMS, organización mundial de la salud, el cual incluye por supuesto una parte para trastornos mentales. Menos común que el anterior pero con un calado mucho mayor realmente; el mismo DSM-IV intenta acercarse a la CIE-10 en distintos momentos y trastornos.

Se podría hablar largo y tendido de ambos pero lo fundamental para lo que nos ocupa es que no son manuales de aprendizaje, son herramientas, como tantas otras, que podemos o no usar en la labor clínica. Como siempre prima la calidad profesional del psicólogo clínico y su juicio basado en los conocimientos que dispone para usarlos de una manera u otra. No son las ''biblias'' de nadie, o al menos no deberían serlo para determinadas personas.

La homosexualidad como trastorno

Bien, el punto álgido: la homosexualidad en el pásado sí que se consideró un trastorno mental, totalmente cierto. La clave es que esto ocurría en el DSM-II, allá por la década de los 70. Todas las ciencias están influidas por las convulsiones de la sociedad y la psicología más que ninguna. No hace falta poner ejemplos de cómo el pensamiento de la época influye a todos los niveles en muy distintos marcos y esto no fue la excepción.

Con el DSM-III desapareció como trastorno (recordemos lo anteriormente dicho, el enorme salto que hubo entre estas 2 versiones), quedando en la parte de Trastornos de la identidad sexual como Homosexualidad egodistónica. El adjetivo egodistónico hace referencia al malestar que el sujeto siente por ser homosexual, sea el motivo que sea. Esto ya elimina de un plumazo a los homosexuales que no tienen dudas de su orientación ni sufren por ello, como se asume que es la mayoría.

No satisfechos, en la revisión de la tercera versión directamente se eliminó del todo, dejándolo en un genérico trastorno de la identidad sexual en adolescentes y adultos, pudiendo haber de todo y más ahí dentro. En el DSM-IV no ha habido cambios. La CIE-10 por su parte es muy parecida al DSM-IV pero sí que pide especificar si es identidad homosexual, heterosexual, bisexual...

Hoy en día hay mucho puritanismo con esto. Yo coincido plenamente con las clasificaciones expuestas: si hay malestar y consecuencias para esa persona realmente es un trastorno. No es ninguna burrada, no es un prejuicio por mi orientación fascisto-sacra-cabalística, igual que podemos sufrir por ataques de ansiedad al ver ornitorrincos nos podemos encontrar tan confunsos por lo que sentimos que necesitemos buscar ayuda.

¿Se puede ''curar'' la homosexualidad en estos casos? Bueno, cada situación es completamente diferente. Técnicamente sí que se podría eliminar la conducta homosexual pero ya que sea necesario es otro tema. No se me ocurre ningún caso en el que realmente la solución fuese esa, la verdad. Aunque el mayor problema sin duda es que el chaval en cuestión o nuestra querida hija completamente normal a ojos de todos (y que así siga siendo, faltaría más) se llegue a acercar a consulta a comentarnos esto. Las presiones sociales son tan grandes que probablemente acabemos tratando una depresión más que un trastorno de la identidad sexual. Y alimentar estos miedos con eufemismos y caza de brujas en la psicología no ayuda precisamente.

El transexualismo como trastorno

Este ya es más intrincado y, hoy en día, más populista si cabe que la propia homosexualidad. Parece que hay una carrera social por superar barreras, algo que sin duda es positivo mientras se realice con un mínimo de sentido y control. En una época donde ser gay parece estar casi de moda (toma prejuicio!!) que algún denigrante psicólogo ose mencionar por encima el transexualismo es para quemarle, cortarle, quemar sus trozos y esparcir sus cenizas sobre lentejuelas y ligueros para hombres.

¿Recordáis lo que dijo el profesor del inicio? Los malvados psicólogos clínicos estaban planteándose incluir la transexualidad, malditos sean por los tiempos de los tiempos. Pues es una paletada como una casa. Lo primero es que en el DSM-III ya estaba el transexualismo como trastorno de la identidad sexual, al mismo nivel que la homosexualidad. No es algo nuevo, no han abierto los ojos ni quieren hacerse publicidad gratis. Estuvo y desapareció con el DSM-IV, mismo destino que la homosexualidad. Y la CIE-10, manual de la organización mundial de la salud, lo incluye a día de hoy desde hace muchos años.

El problema del transexualismo es que puede mezclarse con otras cosas. ¿Lo hace por sentirse realmente mujer o por las ventajas (las que él crea que hay) que tiene ese rol en la sociedad? ¿Realmente conoce el impacto de su decisión? Requiere un proceso de evaluación sólido para no pillarnos los dedos. Pero si empezamos con pejiguerías respecto a cuestiones nominales mal andamos. No hay que asustar a la persona que asiste a clínica con este tipo de dudas, se debe normalizar la situación y abordarla como se merece, con rigor y en base a resultados.

Hay que decir que en el borrador del DSM-V cuando lo revisé salía en parafilias (trastornos sexuales...raros, por decirlo de alguna manera) y hoy, volviéndolo a revisar, ha desaparecido xD. Han pasado 9 meses entre ambos vistazos pero no deja de sorprenderme. Puede que haya recibido más presión de la esperable, o que al incluir cada vez más psicólogos de todo tipo de ramas hayan decidido no complicarse la vida. Si algo funciona para qué cambiarlo, en eso no se les puede discutir.

Conclusión

Que el profesor era imbécil integral. Si hubiese sabido todo esto no habría convertido en femi nazis y subnormales a casi todos los integrantes de la clase. Porque algún ''qué vergüenza...'' oí en clase mientras lo decía, y esa gente no se va a informar, soltará la misma diatriba a la mínima oportunidad que tenga. Y esto es el maldito boca a boca, amigos, una de las formas más poderosas de transmitir rumores y teorías sin sentido.